A partir de 1882, deja de enviar sus obras, tanto al Salón, como a las exposiciones impresionistas.
Al igual que sus colegas, está en crisis y busca afanosamente nuevos desafíos y motivos pictóricos.
Para ello, decide que debe viajar y marcha hacia Italia, junto con Renoir.
Pinta allí influenciado por la exuberante atmósfera de color y de sus paisajes, tenía problemas para captar las condiciones ambientales del sur, las flores de color rosa o los reflejos verde esmeralda del agua, los tonos básicos del cielo, en gris azulado con reflejos violáceos, le causan un gran desasosiego y es por ello que unos años después emprendería el que fuera su último viaje al sur, a Antibes.
Al cabo de tres meses, regresa a Francia y decide nuevamente mudarse, junto con Alice y los niños.