En el verano de 1858 conoce al pintor Eugène Boudin, su primer maestro, el que le hace conocer la pintura del paisaje, instándole a pintar al aire libre bocetos al óleo.
En 1859 se traslada a Paris e ingresa en la célebre “Académie Suisse” en donde conoce a los pintores Eugéne Delacroix (romántico), Gustave Courbet (realista) y al joven Camille Pissarro (quién luego devendría en patriarca de los Impresionistas).
En el otoño de 1860 lo llaman a filas en la legión africana y lo envían a Argelia por siete años, pero enferma de tifus en 1862 y regresa a los seis meses a El Havre.
De nuevo en Paris es “habitué” del café “La Brasserie des Martyrs” en donde solían reunirse los pintores realistas capitaneados por Courbet y donde conoce también al poeta Charles Baudelaire y al crítico Edmond Duranty, quién llegará a ser el gran defensor de los impresionistas desde las páginas del periódico “Le Gazette des Beaux- Arts”.
A pesar de vivir en Paris vuelve con frecuencia a Le Havre para pintar a su amado mar, junto a Boudin.
Un día pintando desde la orilla, conoce casualmente al pintor holandés de marinas Johann-Barthold Jongkind, quién supo transmitir al joven Claude, toda la tradición de los grandes maestros paisajistas holandeses del siglo XVII.