De nuevo en Paris, se presenta al Salón en donde de todos sus cuadros solo le aceptan dos marinas, que merecen un tibio reconocimiento, por parte del crítico de arte Mantz, quién lo define como un todavía pintor joven pero digno de elogios por ser capaz de atraer la atención del espectador por su manera atrevida de ver las cosas.
Luego acude por un tiempo al taller del pintor Charles Gleyre, donde tiene ocasión de coincidir con los también jóvenes pintores Auguste Renoir, Alfred Sisley y Frédéric Bazille, llegando a intimar con este último y con los cuáles irá a pintar al bosque de Fontainebleau.
Para el Salón de 1863, se rechazarón cerca de 1500 obras y debido a las protestas elevadas por los mismos pintores, Napoleón III decidió realizar una exposición de arte alternativa, la cuál se llamó el “Salón des Refusés” (Salón de los rechazados).En dicha exposición Edouard Manet presentó su polémico cuadro titulado “Desayuno en la hierba”, también conocido como “Almuerzo campestre”.
En dicho cuadro se observa a una joven desnuda, mirando al espectador, en compañía de dos jóvenes vestidos a la usanza de la época.
Quizás estimulado al ver el polémico cuadro de Manet, es que decide pintar una obra con el mismo tema.
Decide pintar una obra monumental de seis metros de ancho, una empresa casi imposible por motivos técnicos, pero que el supone que llamará tanto la atención de los críticos, como lo fue la obra de Manet.
Pero como pasa el verano y su monumental obra no está terminada, debe crear otra para presentar en el Salón de ese año y presenta una obra “clásica”, que realiza en solo cuatro días, en la cuál se ve a una joven modelo, Camille Doncieux, quien luego sería su futura esposa, elegantemente ataviada con un vestido verde y que logra el esperado reconocimiento en el Salón y la venta de varios cuadros.
En 1867, el jurado del gran Salón le rechaza su cuadro “Mujeres en el jardín” y lo que es peor aún, es criticado por Manet.