Durante la época que pasó en Argenteuil, Monet va de vez en cuando a Paris, para renovar su repertorio de temas urbanos.
Probablemente en uno de estos viajes conoció al comerciante Ernest Hoschedé, director de unos grandes almacenes parisinos y uno de sus mayores clientes y también mecenas.
Este lo invita a su residencia de Montgeron donde le encarga la decoración del castillo de Rothenburg.Monet acepta el trabajo y ejecuta cuatro pinturas que ilustran las dos etapas que pasó en Montgeron. Pinta el jardín, la residencia, el estanque y unos pavos picoteando por el jardín.
Es en este último cuadro, que Monet se dedica sobre todo al estudio de la influencia recíproca de los colores. Usa los pinceles como anchas espátulas que le permiten mantener la diferenciación entre las amplias pinceladas.
De este modo, si el cuadro se mira desde lejos, adquiere una neta definición que, sin embargo, se pierde completamente de observarse con atención y desde corta distancia.